"Isla mía, ¡qué bella eres y qué dulce!... Tu cielo es un cielo vivo...Tu mar es el último refugio de los delfines antiguos y las sirenas desmaradas..." (Dulce María Loinaz)
Este es un blog que recorre toda Cuba.
Maffo ya está inmerso
en una jornada especial en homenaje a su legendaria ofensiva, que cada año se conmemora
en el histórico poblado y realza su historia, sus lugares distintivos y su
gente común. Esta ocasión será representativa; se cumplen 55 años de la Batalla del BANFAIC, hecho que marcó pautas para el
triunfo de la Revolución cubanael primero de
enero de 1959.
Esta vez Maffo se vuelve a levantar, ya no con las armas ni para hacer
revolución, sino para recordar que este pedacito de Cuba sigue ahí, en el mismo
sitio, con gente digna que ama sus lugares de origen; también para recordar que
tiene toda una historia merecedora de admiración.(Escuchar audio+)
Avenida Camilo Cienfuegos que da acceso al poblado de Maffo
Puntos de venta de viandas, hortalizas y granos en Maffo
Esquina del parque de Maffo
Lustrador de calzados de Maffo
Esquina céntrica de Maffo, donde convergen la calle Gregorio Careaga y la avenida Camilo Cienfuegos
Parque de Maffo, espacio de esparcimiento y recreación
Hago mío este poema (CXXIV) de Dulce María Loynaz, inspiración de Mi Isla. Luego de leerlo, definitivamente se ama más a Cuba. Disfrútenlo.
Isla
mía, ¡qué bella eres y qué dulce!... Tu cielo es un cielo vivo, todavía con un
calor de ángel, con un envés de estrella.
Tu mar es el último refugio de los delfines antiguos y las sirenas desmaradas.
Vértebras
de cobre tienen tus serranías, y mágicos crepúsculos se encienden bajo el fanal
de tu aire.
Descanso de gaviotas y petreles, avemaría de navegantes, antena de América: hay
en ti la ternura de las cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas.
Sigues siendo la tierra más hermosa que ojos humanos contemplaron. Sigues
siendo la novia de Colón, la benjamina bien amada, el Paraíso Encontrado.
Eres, a un tiempo mismo, sencilla y altiva como Hatuey; ardiente y casta como
Guarina.
Eres
deleitosa corno la fruta de tus árboles, como la palabra de tu Apóstol.
Hueles
a pomarrosa y a jazmín; hueles a tierra limpia, a mar, a cielo.
Cuando
te pintan en los mapas, a contraluz sobre ese azul intenso de litografia,
pareces una fina iguana de oro, un manjuarí dormido a flor de agua...
Pero
también pareces un arco entesado que un invisible sagitario blande en la
sombra, apunta a nuestro corazón.
Isla grácil, te visten las auroras y las lluvias; te abanica el terral; te
bailan los solsticios de verano.
Como Diana, libre y diosa, no quieres más diadema que la luna; ni más escudo
que el sol naciente con tu palma real.
La mala bestia no medró en tus predios, y jamás ha muerto en ti un solo pájaro
de frío.
Idílicas abejas pueblan de miel la urdimbre de tus frondas; allí vibra el
zunzún desprendido del iris, y destilan música viva los sinsontes.
Escarchada
de sal y de luceros, te duermes, Isla niña, en la noche del Trópico. Te
reclinas blandamente en la hamaca de las olas.
Tienes
la rosa de los vientos prendida a tu cintura; tus mayos están llenos de
cocuyos; tus campos son de menta, y tus playas, de azúcar.
Varas
de San José en trance de boda, tórnanse todos los gajos secos clavados en tu
tierra taumatúrgica. Rocas de Moisés, todas tus piedras preñadas de surtidores.
Vela un arcángel escondido tras cada zarza tuya, y una escala de Jacob se
tiende cada noche para el hombre que duerma en paz sobre tu suelo.
Otra
escala sutil es para él, el humo rosa del tabaco que le alegra las siestas y le
aroma de sueños el camino.
Para el hombre hay en ti, Isla clarísima, un regocijo de ser hombre, una razón,
una íntima dignidad de serlo.
Tú eres por excelencia la muy cordial, la muy gentil. Tú te ofreces a todos
aromática y graciosa como una taza de café; pero no te vendes a nadie.
Te
desangras a veces como los pelícanos eucarísticos; pero nunca, como las sordas
criaturas de las tinieblas, sorbiste sangre de otras criaturas.
Isla
esbelta y juncal, yo te amaría aunque hubiera sido otra tierra mi tierra, pues
también te aman los que bajaron del Septentrión brumoso, o del vergel
mediterráneo, o del lejano país del loto.
Isla
mía, Isla fragante, flor de islas: tenme siempre, náceme siempre, deshoja una
por una todas mis fugas.
Y guárdame la última, bajo un poco de arena soleada... ¡A la orilla del golfo
donde todos los años hacen su misterioso nido los ciclones!
Ya es la hora. No porque nadie me lo
haya dicho sino porque estoy segura de que ya puede concebirse. Sí,
concebirse, porque a partir de ahora nacerá “Mi Isla”.
Esta es la hora de la fecundación,
solo que es prematuro pues ya sabe hacia donde dirigirse. El objetivo
es una solo: ofrecer todo lo que esté a su alcance sobre esta Isla,
Mi Isla, Cuba.
No pretende imponer conceptos,
ideologías. Simplemente llegó a este mundo virtual para brindar
cada detalle de cultura, tradiciones, idiosincrasias, eso sí,
valores, todo ello de su progenitora: Cuba.
Admite polémica, que mejor para su
retroalimentación. Solo exige respeto, en el sentido más amplio de
la palabra. Y espera, deseoso, que sea grato su viaje por esta Mi
Isla.